10/11/2021

¿Qué son los instrumentos de Climate Proof Urban Development?

¿Qué son exactamente los instrumentos de Climate Proof Urban Development?

Son instrumentos de planificación, gestión y decisión urbana orientados a incorporar el cambio climático en el desarrollo de la ciudad de una manera integrada. No buscan solo reducir emisiones o solo adaptarse a impactos futuros, sino articular mitigación y adaptación para que el desarrollo urbano sea, al mismo tiempo, más resiliente frente a riesgos climáticos y menos intensivo en carbono.

O sea que no se trata de sumar una capa “verde” al urbanismo tradicional.

Ese es el primer punto importante. El enfoque climate proof no consiste en corregir al final un plan ya hecho, sino en revisar desde el inicio cómo se localizan infraestructuras, cómo se regulan los usos del suelo, cómo se invierte, qué riesgos se anticipan y qué actores participan en la definición del futuro urbano.

¿Y qué tipo de instrumentos entran ahí?

Pueden ser estratégicos, normativos, fiscales, regulatorios y técnicos. Incluyen estrategias de desarrollo urbano sensibles al clima, planes de acción climática, instrumentos de ordenamiento territorial, criterios para infraestructura resiliente, ajustes normativos, mecanismos de coordinación institucional y herramientas para priorizar inversiones que reduzcan vulnerabilidad y emisiones de forma conjunta.

Entonces la idea de fondo es que la ciudad deje de planificarse como si el cambio climático fuera un problema externo.

Sí. La lógica climate proof parte de reconocer que el cambio climático ya está reconfigurando el modo en que las ciudades piensan su crecimiento, su infraestructura, sus riesgos y sus patrones de consumo. Por eso insiste en que las decisiones urbanas no pueden seguir separando desarrollo, ambiente y gestión del riesgo como si fueran campos independientes.

¿Qué ocurrió en la Ciudad del Cabo?

El caso de Ciudad del Cabo es relevante porque integró el cambio climático en su estrategia de desarrollo urbano de largo plazo, reconociendo amenazas concretas como olas de calor, sequías, incendios, lluvias intensas e incremento del nivel del mar. Además, el proceso se estructuró a través de diálogo con actores gubernamentales, empresas, academia, ciudadanía y grupos de interés, y vinculó las intervenciones a instancias formales de seguimiento y gestión dentro del gobierno local.

Entonces el éxito de estos instrumentos estaría en el trabajo multidisciplinario y participativo.

En parte sí, pero ahí mismo aparece una tensión importante. La participación y la coordinación intersectorial son condiciones necesarias, pero no suficientes. Un proceso puede ser muy dialogado, producir documentos sofisticados y aun así no alterar las prioridades estructurales de inversión, ni corregir desigualdades urbanas preexistentes, ni transformar los patrones de ocupación del suelo que incrementan la vulnerabilidad.

O sea que hablar de resiliencia climática no garantiza justicia climática.

Muchas veces el lenguaje del climate proofing suena técnicamente impecable porque habla de integración, adaptación, mitigación y visión de largo plazo, pero puede seguir operando desde una lógica tecnocrática si no pregunta quiénes son los grupos más expuestos, quién define el riesgo aceptable, qué territorios reciben inversión primero y quién paga el costo de la transición.

Entonces los instrumentos no son neutros.

No lo son. Un instrumento legislativo, fiscal o de planificación puede proteger a la ciudad frente al clima, pero también puede reforzar desigualdades si privilegia zonas con mayor valor económico, si desplaza población vulnerable o si convierte la adaptación en una agenda de competitividad urbana antes que en una agenda de derecho a la ciudad.

Entonces, ¿Qué haría realmente potente a un instrumento de Climate Proof Urban Development?

Que no se limite a gestionar amenazas, sino que reoriente el desarrollo urbano. Eso significa integrar clima en la planificación desde el comienzo, sí, pero también revisar la forma urbana, el acceso a infraestructura, la distribución territorial de riesgos, la gobernanza multinivel y la capacidad de los actores más vulnerables para participar en decisiones que afectan su futuro.

Entonces el tema no es solo resistir mejor el cambio climático, sino cambiar la manera de producir ciudad.

La versión más fuerte del enfoque climate proof no consiste en blindar la ciudad para que siga funcionando igual, sino en replantear sus lógicas de crecimiento, consumo, ocupación y exclusión. Si no ocurre eso, la resiliencia corre el riesgo de convertirse en una palabra prestigiosa que administra mejor la crisis sin transformar sus causas urbanas.


Bibliografía:
Ruijsink, S. (2015). Integrating Climate Change into city development strategies. United Nations Human Settlements Programme.
LAUE, F. (2017). Guiding Principles and Climate Change in Germany’s Urban Planning Practice. A review of the recent academic discourse. Climate and Clean air coalition.